Espoo seguro pertenece a todos, pero ¿por qué para algunos jóvenes las calles son su hogar? | Uusi Suomi Puheenvuoro

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En Espoo se han visto últimamente situaciones que despiertan preocupación, y no sin motivo. En Leppävaara, Matinkylä y en otros lugares se ha manifestado inquietud, y aunque no se informa de todo en las noticias, eso no significa que el problema no sea real.

No se trata solo de casos aislados o de falta de vigilancia. Detrás hay un fenómeno más profundo: el malestar de los jóvenes. Cuando un joven no encuentra su lugar en la escuela, en casa o en las aficiones, empieza a buscar conexión en otro sitio. Si las alternativas son pocas, la calle ofrece fácilmente un rol y una pandilla que acepta.

¿Qué empuja a un joven a la calle?

Las razones son múltiples, pero el patrón empieza a ser familiar. En casa puede ser difícil, no hay nada que hacer y muchos se quedan sin aficiones por su precio o por la accesibilidad. En las escuelas no siempre se llega a detectar a tiempo, y acceder al circuito de servicios puede ser muy difícil. Si el origen del joven está fuera de Finlandia, también pueden entrar en juego la barrera del idioma y la presión cultural cruzada.

Cuando algún grupo ofrece un espacio en el que se puede formar parte de algo, se siente bien, aunque se trate de una banda cuya dirección no es constructiva. La necesidad de comunidad es tan fuerte que, si no está disponible de forma constructiva, se busca en otra parte.

Esto no se resuelve solo con la policía

El papel de la policía es importante, y sus recursos deben reforzarse. Pero si intervenimos solo cuando el joven ya ha acabado en una espiral delictiva, llegamos irremediablemente tarde.

Necesitamos medidas que funcionen antes de que la situación se nos vaya de las manos:

  • lugares donde el joven pueda estar y ser atendido

  • adultos que vean al joven en su conjunto, no como un problema

  • actividades en las que sea fácil participar sin etiquetas ni exigencias

  • una integración que tenga en cuenta también los retos de la segunda y la tercera generación

Y, en particular, hace falta una cosa que falta en el sistema actual:
los servicios de salud mental deben abrirse también a los jóvenes que consumen sustancias.
En este momento, un joven que tiene tanto problemas de salud mental como de consumo de sustancias puede quedar entre medias, precisamente cuando más se necesitaría ayuda. Si el tratamiento comienza solo cuando el consumo se detiene, ya se llega muchos pasos tarde.

El malestar de los jóvenes es una señal de que debemos parar

Si un joven no encuentra su propio lugar, no se trata solo de él, sino de todos nosotros. Esto no es únicamente una cuestión de política de seguridad, sino un mensaje de que no todo está bien.

Se necesita una conversación honesta y soluciones prácticas. La prevención no es cosa de discursos ceremoniales: se hace allí donde están los jóvenes, en el día a día, en las calles, en las escuelas, en los hogares. Cada joven debería tener la sensación de que forma parte de esta sociedad. Si nosotros no se lo ofrecemos, alguien más sí lo hará, y no siempre de buena manera.

  • Espoo debe ser una ciudad en la que todos tengan la posibilidad de construir su vida de manera segura y con confianza, independientemente de su origen, situación o punto de partida.

Fuente: Uusi Suomi

Markku Arvekari

Markku Arvekari

Digital Transformation Expert

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